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"Un brochazo de bruma": versiones de Bashō

  • Foto del escritor: Alfonso Matus Santa Cruz
    Alfonso Matus Santa Cruz
  • 16 abr
  • 9 min de lectura

Actualizado: 21 abr

Una pequeña biografía del maestro del haiku y versiones de sus poemas, por Alfonso Matus.


El poeta fundamental de la literatura japonesa nació cerca de Ueno, ciudad conocida por su tradición de ninjas, en una familia modesta, en 1644, con el nombre de Matsuo Kinsaku. Su padre, campesino con cierta educación letrada vuelto samurái al servicio de los señores locales, la familia Tōdō, seguramente fue el primero en transmitirle el arte de la caligrafía y cierta sensibilidad estética, así como el gusto por la poesía. Gracias a esta educación logró, a sus apenas nueve años, pasar a ser paje de bajo rango al servicio de Tōdō Yoshitada, familiar del daimyo o señor del clan local, amante de la poesía y conocido por el tengo (nombre de pluma) Sengin.

 

Es en este período, bajo la tutela de Kitamura Kigin (1624-1703), discípulo de Teitoku, donde comienza su aprendizaje del haiaki no renga, la forma predominante de poesía en la época que consistía en una serie de estrofas encadenadas de tono más bien humorístico. En 1662 publica su primer poema. Sus primeras composiciones siguen los principios de la escuela Teimon, dominante en el período Edo, privilegiando los golpes de efecto, la lengua coloquial y los juegos de palabras.

 

El primer punto de inflexión en su educación vital y poética acaece en 1666 con la inesperada muerte de Yoshitada a los veinticinco años. Compungido por la pérdida de su protector y amigo abandona al clan que lo había acogido y se va de Ueno para asentarse en Kyoto. Allí profundiza sus estudios en poesía, caligrafía y filosofía; lee a los clásicos chinos y japoneses; y continúa participando en el circuito literario. Algunos de sus poemas se publican en diversas antologías.

 


En 1672 Bashō se instala en Edo (Tokio), buscando un terreno más fértil que el escenario ya colmado de maestros del haikai de Kyoto. En 1675 conoce al poeta Soin y pasa a formar parte de su escuela poética, Danrin, por un período breve, mientras descubre los rudimentos de una poética cada vez más personal. De la escuela Danrin tomará al inicio el tono más irreverente e irónico hacia la tradición de los waka clásicos, además de tópicos en apariencia más vulgares o cotidianos (mujeres limpiando papas en el arroyo, la lluvia sobre un perro en la calle, etc), a los cuales dedicará una atención cada vez más sobria y piadosa. Se sustenta con diversos trabajos, entre los cuales un puesto en el Departamento de Abastecimiento de Agua de Edo. Es en estos años que adopta su nuevo pseudónimo, Tōsei (Durazno Verde), para participar de un poema colectivo de recibimiento a Soin.

 

Ya con una visión estética propia, Bashō funda su propia escuela poética, Shōmon , en 1677. De aquí en adelante, las influencias desplazadas por la madurez, el gesto literario por la fluidez y resonancia condensada de su estilo, nuestro poeta gana admiradores y un amplio abanico de discípulos, con los cuales publica varias antologías. En 1680 publica Tosei-Montei Dokugin-Nijukasen(桃青门弟独吟二十歌仙), una obra con poemas suyos y de sus veinte discípulos. Uno de sus admiradores más acomodados, Sumpo, le regala una pequeña cabaña a orillas del río Sumida, y uno de sus discípulos predilectos, Kikaku le regala un banano japonés, un bashō, árbol algo exótico, pero frugal, ya que no da frutos en esas latitudes, del cual tomará su tengo definitivo: Matsuo Bashō. Sobre éste árbol escribe en una carta un elogio a su inutilidad que sirve de defensa de la poesía como un arte de lo inútil:

 

“Las hojas del banano son lo bastante largas para cubrir un laúd. Cuando aletean al viento me recuerdan el ala herida de un fénix, y cuando están rasgadas me recuerdan las orejas de un dragón. El banano florece, pero a diferencia de las otras flores, las suyas no tienen nada de alegre. Su tronco permanece ajeno al hacha, pues es completamente inútil para construir. […] Amo este árbol por su completa inutilidad. Me gusta reposar a su sombra y me cae bien porque es fácil que lo desgarren el viento y la lluvia”

 

Pese al reconocimiento nuestro poeta prefiere una vida cada vez más retirada. Profundiza su diálogo con la poesía clásica china, especialmente con Tu Fu, Song Po y el ingenio taoísta de Chaung Tze, a la vez que cosecha la herencia de sus predecesores japoneses Saigyō y Sōgi. Su estética se depura en busca de una intimidad capaz de hacer del poema una ventana y un microcosmos a una vez, fundando una nueva vertiente en la historia del haikai, según la mayoría de los críticos: una en que la visión llana de un momento, de una escena de la naturaleza, se conjuga con la interioridad del poeta; el hokko se transforma así en una especie de puente traslúcido entre el poeta, la naturaleza y el mundo de los hombres, no una llave, sino una ranura a través de la cual entra la luz, y el poeta y el paisaje se fecundan mutuamente. El gesto amaina, los artificios se ahorran, la atención está en la gotera que cae en el balde durante el insomnio, en el viento que abate los cedros, en el salmón reseco que mastica tras la nieve matinal. Es un período en que su fuga (elegancia poética) se desprende de lo accesorio y alcanza una claridad cruda que abrazará más adelante las manchas en el paisaje, la impermanencia y el dolor humano.

 

Los malestares físicos y anímicos arrecian. Ante esta depresión Bashō se vuelca a un aprendizaje más riguroso del budismo Zen, medita continuamente y practica bajo la guía del maestro y monje Butchō (1642-1716). Su melancolía avanza y lo muerde con más intensidad cuando la vida lo golpea en 1683 con dos eventos separados apenas por unos meses: un gran incendio en Edo, que quema su casa, y la muerte de su madre. Escapar con vida del incendio provocó un cambio radical en su orientación, tuvo la muerte tan cerca que solo pudo arrancar de su choza en llamas: “mojándome con el agua de la marea, un palo en mis hombros, y rodeado por humo. Este fue el comienzo de mi comprensión de la mutabilidad de la vida humana. Fue con este incidente de una casa incendiada que entendí como estamos gobernados por el cambio, y que mi inclinación (kokoro) por la vida itinerante comenzó.”

 

Desde ahora en adelante la poesía, la amistad y los viajes serán su fuente de consuelo. Al año siguiente publica Fuyu no hi (Sol invernal o Día invernal), “el primer libro importante que muestra la dirección hacia la que Bashō quería dirigir el esfuerzo por crear su propio estilo poético” (Ueda). El primero de sus viajes será narrado en Diario de una calavera a la intemperie (Nozarashi Kiko, 野ざらし紀行), un título que demuestra el temor inicial que le provocaba incursionarse en territorios incógnitos potencialmente plagados de ladrones, sobre todo en las sendas menos transitadas, aprensión que luego daría paso a un gusto cada vez más acendrado por la vida itinerante y la contemplación serena de la fugacidad.

 

Su afición por los viajes se debe en parte a seguir la tradición de los poetas itinerantes que tanto admiraba en un sentido literal: va en busca de los utamakura (“almohadas de poemas”), lugares consagrados en poemas de antaño. Sobre todo va tras las huellas de Saigyō y Sōgi. Pese a recibir una nueva cabaña por parte de sus discípulos no tarda en venderla para emprender una serie de viajes como un poeta peregrino, probando a escribir diarios de viaje o haibun, en los cuales trabaja a brochazos una prosa poética que tomará su forma definitiva en Oku no hosomichi (奥の細道), las Sendas de Oku, el más famoso y extenso de sus viajes, que llevó acabo en la primavera de 1689 con su discípulo Kawai Sora (1649-1710) por las provincias del norte de Honshu (la isla grande del archipiélago japonés). Este periplo lo lleva por tierras consideradas remotas en ese entonces y dura dos años y medio, de los cuales solo los primeros seis meses forman parte del diario de viaje, en el cual Bashō se toma la libertad de añadir escenas o distorsionar ciertos eventos inyectando dosis de ficción al relato estricto del viaje.

 

En 1691 retorna a Edo. Ya es el poeta vivo más celebrado de Japón y su influencia crece, recibiendo visitas de todas partes y a muchos aspirantes a poetas que quieren ser sus discípulos. En su poética esta última fase se caracteriza por una aproximación cada vez más exacta y sugestiva, no tanto de la naturaleza, como antes, sino del mundo de los hombres, con una estética que brota desde una percepción orientada por la levedad, o karumi, de los objetos y personajes de la vida común y corriente, como ocurre en este haiku: Limpieza de Fin de Año / Repara su mueble al fin / el carpintero. El tono más matizado por la indiferencia y cierto nihilismo que había adquirido en su período de viajes más intensos se suaviza, dando paso a una especie de concordancia con el flujo de la vida y la ineludible sensación de impermanencia y mortalidad que lo rodea.

 

La conciencia de su propia vejez y de la cercanía de la muerte es cada vez más patente, está más cansado y con más achaques. Esto no impide que parta a sus últimos viajes en 1694 a Nara y Osaka, participando de varias antologías y procurando propagar en sus discípulos esta nueva poética orientada por el sentido del karumi. Pese a esta ingente actividad, es en esta última ciudad donde cae enfermo, exhausto por el viaje, y pasa sus últimos días hospedado en casa de un florista, donde es cuidado por varios de sus discípulos y compone su último poema tres días antes de morir la tarde del duodécimo día del Décimo Mes, en el séptimo año de Genroku, el 28 de noviembre de 1694.


En la posteridad el aura de santidad silvestre de Bashō, el poeta peregrino por los senderos más remotos de Japón y renovador, a la vez que depurador, de la forma del haikai, desembocó en su santificación como una deidad shinto en el centenario de su muerte. La veneración por su obra es tal que probablemente se hayan erigido más de un centenar de monumentos y santuarios para conmemorar su paso y sus poemas en distintas localidades.


"Retrato de Basho", obra del artista Ichijun, pintada durante el siglo XVIII. 
"Retrato de Basho", obra del artista Ichijun, pintada durante el siglo XVIII. 


12 haikus de Bashō


Son versiones porque quien las suscribe no posee conocimiento de la lengua japonesa más que el que pudo acopiar durante el proceso de traducir directamente desde el inglés, tomando como referencia The Complete Haiku of Matsuo Bashō, traducidos por Andrew Fitzsimons, coligiendo en cada haiku su versión en japonés, repasando los matices polisémicos de distintos vocablos y los tropos e imágenes troncales de la tradición del haiku que más trabajó Bashō. Es a partir de esta traducción que incluyo algunas introducciones en prosa a sus haikus, mayormente ausentes en las ediciones en castellano, y notas puntuales que ayudan a situar y contextualizar algunos haikus.



Cruza el monte Hiei

un brochazo de bruma:

el carácter shi

 

O-Hiei ya / shi no jio hiite / hitokasumi

 

Primavera, 1677 – El carácter shi en ortografía japonesa: し


Visitando Futakamiyama Taimadera vimos un pino milenario en los alrededores del templo. Era lo suficientemente grande como para esconder bueyes, como en la historia de Chuang Tze. Aunque digan que esté desprovisto de sentidos y sentimientos, ha sido una fortuna para este árbol que, bajo la protección del Buda, haya eludido el hacha de los leñadores.

 

Monjes y asagaos

Cuántos cambios de color?

El tao y el pino

 

so asagao / iku shinikaeru / nori no matsu

 

Otoño, 1684 – Asagao (Ipomoe nil) es la campanilla morada japonesa.


Dormí borracho

entre los clavelitos

Piedra: mi almohada

 

youte nen / nadeshiko sakeru / ishi no ue

 

Verano, 1687

 

Visitando a Tokoku en su angustia en Cabo Irago, de vez en cuando oí la llamada del halcón

 

Mejor que un sueño:

halcón de la realidad

Cálido encuentro

 

yume yori no / utsutsu no taka zo / tanomoshiki

 

Otoño, 1687 – Su amigo Tokoku había sido desterrado de Nagoya tras perdonarle una pena de muerte. Basho se desvió 90 kilómetros de su ruta solo para visitarlo.


El loto es conocido como el príncipe de las flores. Entre las flores la peonía arbórea tiene fama de noble acaudalado. Las semillas de arroz brotan desde el barro, pero son más puras que el loto; en otoño, el resultado es arroz aromático, más rico que la peonía arbórea. Esta planta aúna las virtudes de ambas, siendo pura y rica a la vez

 

Los campesinos

cantan entre el arrozal

ah la capital

 

sotobito wa / ine ni uta yomu / miyako kana

 

Verano, 1688


Atravesando la Barrera Shirakawa

 

El arte nace

en un arrozal rural:

canción de siembra

 

furyu no / hajime ya oku no / taueuta

 

Verano, 1689


En la casa de Omiya Gyokushi, un fresco melón makuwa se sirvió mientras gozábamos el aire de la tarde. El dueño de casa nos pidió componer un poema, diciendo juguetonamente: “sin poema no hay melón.”

 

Primer melón del año

Lo cortaré en cuatro o

rebanaré en rodajas?

 

hatsumakuwa / yotsu ni ya tatan / wa ni kiran

 

Verano, 1689


Curruca dejas

caer tu sombrero en vuelo

¡Una camelia!

 

uguisu no / kasa otoshitaru / tsubaki kana

 

Primavera, 1690


Un sabio monje dijo una vez: “El zen superficial es la fundación de profundas falencias”, y yo agradezco sus palabras

 

Rayos y truenos

quien no ve iluminación

a ese yo admiro

 

inazuma ni / satoranu hito no / tattosa yo

 

Otoño, 1690


Una fría, solitaria lluvia comenzó a caer, así que busqué refugio en una casa. Sequé mi ropa junto al brasero y bebí agua caliente. El maestro me trató con gentileza, suavizando por un rato los problemas del camino. Mientras oscurecía me retiré a escribir bajo una lámpara, notando lo cual él me pidió: “De este nuestro único momento de encuentro, por favor deja un recuerdo”

 

Refugio dado

y luego el don de un nombre

Lluvia de paso

 

yado karite / na o nanorasuru / shigure kana

 

Invierno, 1691


En casa de Taisui

 

Fiesta del Alba

Aroma a crisantemo

tofu en brochetas

 

kagemachi ya / kiku no ka no suru / tofugushi

 

Otoño, 1693


Pensamientos

 

Aquí en la senda

donde nadie más viaja

Ocaso otoñal

 

kano michi ya / yuku hito nashi ni / aki no kure

 

Otoño, 1694

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