"Pensión de alimentos": Poemas de Rocío Escobar
- Rocío Escobar
- 2 jun
- 8 min de lectura
Actualizado: 7 jun
Compartimos una muestra de la poesía de Rocío Escobar (Santiago, 1996), poeta que estudió la licenciatura de Castellano en la UMAG y ahora está radicada en Santiago. En esta ocasión la rabia y la ternura de sus versos afilados pertenecen a su última obra: Pensión de alimentos, editada por La Calabaza del Diablo en 2025. La presentación y selección corre por cuenta de nuestro colaborador Rodrigo Barra.
Presentación
Pensión de alimentos nos lleva por más de cincuenta poemas a la vida de ‘las cabras del cerro’, nacidas y criadas entre las faldas de la cordillera, sus valles y las fronteras lábiles y estrictas de la ciudad. En esa cordillera que las acoge al nacer, la lejanía del paisaje cordillerano se atraviesa para acceder a él, como lugar complejo, vivo y variable, propicio para la prosperidad y crianza de las cabras y, en el caso de la hablante, de la posibilidad de la escritura. De ella se dirá en su nacimiento: “esta cabra tendrá predilección / por el pasto que crece entre las peñas / despreciará muchas veces los pastos tiernos”. Y luego, le dirá a su madre: “quiero teclear, madre mía”.
Esa definición temprana de su carácter la presagia y la lleva a la escritura. Junto al lugar de nacimiento, la cabra presenta su origen transgredido: en la orfandad de su padre, que es Eloy, preserva el hilo familiar por su madre cabra, sostenido por un “derecho antinatural”. En este sentido, el droguettiano Eloy acompaña y sirve de sombra al título del libro; lo que antiguamente era la errancia del padre hacia su ausencia más o menos total, hoy se inhibe en el proceso judicial de la pensión como ejercicio paterno forzoso, dador de la necesidad primordial: comer. Pero la ausencia no se reemplaza. En ella se escribe y se comparte una forma de vida.
La vida en la montaña no estará exenta del control y el poder. Frente a las restricciones y normas que impone la “Gobernación de la Montaña Andina”, ella dirá: “Quiero teclear lo que se les escapa a los / Secuaces Del Perfecto Orden / quiero experienciar la burla”, aguzando a lo largo de los poemas la mirada a “la máquina”, “un aparato de locuciones, de oraciones, / de ideas reducidas / que se repiten no a la manera de mi código / la sangre no se recicla sino que se deja verter”. El carácter de la soledad animal que sabe de acechos y que no teme ante lo abyecto la forja.
Pero es en el encuentro con otros y en sus experiencias que la cabra ubica un “lugar” para su lengua: a partir de su origen y de la vivencia de la carne como experiencia primaria, el hambre y el comer aparecen como las figuras con las que la cabra traduce el mundo y sus relaciones, con gestos que devoran y son devorados, que pasan hambre, degluten y desaparecen de la tierra. No obstante, la cabra señala: “hambre es el parole de la transgresión”. Vemos reflejada en la escritura la figura del hambre como quien habla a partir de la experiencia de esta transgresión, que intercede en la escritura y la lleva a la repetición, el palabreo y el discurrir pensante como ética del escribir.
Se encuentra en Pensión de alimentos, sin dejar de evocar linajes en la poesía chilena, una juntura de experiencias que prolifera en un viaje, un proceso o momento intensivo de una vida a partir de una puesta de relieve del sujeto como orador de sí. Mediante este constante conocerse y desconocerse de la cabra en la escritura, es que accedemos a esta región ficcional y cordillerana que hace del ‘nombre de la pensión’ - su capacidad simbólica de la deuda y la falta, su evocación al Padre- no una cosa en sí misma, sino una forma de vida y su negación, que habita y enfrenta el mundo “en un doble de fatalidad”, de “un yo y el yo”, con amor y con sabio odio, en una condición más desnuda y voraz que aplacada, más sola, patiperra, salvaje.

Selección de poemas
Los países montañosos como el nuestro
presentan las condiciones más venturosas
para permitir la sobrevivencia de las cabras
las cabras como yo, las cabras de cerro
hija de mi madre por derecho antinatural.
Por muy pedrogosos y escarpados
pastoreamos locas y febriles
sembrando la tierra improductiva
disolviendo el aura descolgada del que penden
nuestras piezuñas.
Las cabras de cerro acogemos el frío y el calor en exceso
en la cordillera castañeteamos incólumes
pellizcándonos los labios de ceniza,
en el valle engordamos a piacere
recolectando la palpitante carne
que desenterrada disfruta de su gravidez,
en la sed de lo finito
la sonrisa se agrieta
y en locos rebaños asediamos el tapiz de boscaje.
Las deficientes condiciones de alimentación
a veces
nos hace producir la carne que dicen es de mala clase
mi madre me da dos litros de leche diario
medio litro de leche dijeron para todas
leche pública
leche agotada
leche prohibida
leche que revienta en la papila de la lengua cabra
leche perseguida leche abyecta.
Los partos de las cabras son a menudo dobles
nace un yo y el yo
redoble fúnebre de tambores,
embarazada mi madre en un doble de fatalidad
se enoja y pelea con su doblez ceñudo,
una emoción ambigua la embarga
Abyzou le dice
los dobles arcos de tu sangre que son estas dos cabras
dolerán doblemente
tu cariño doloroso será un vago recuerdo
de la erotización amorosa que tuviste con Eloy
una será el ser y otra el estar
su pequeñez y su grandeza serán de doble filo
días diurnos fértiles y días lóbregos suplicantes
tendrán y estarán con ellas.
***
Cuando bautizaronme sonaba electric masada
en las montañas de la locura
dierónme el primero de mis sacramentos
los dedos salpicabanme con un agua traída
del río Tullumayu
y cuyo nombre mío traía escrito en el agua.
Soy el revés de Keats pues yo nací cuando
dijo esto en su sepulcro,
abrid esos ojos que en su fondo se encuentra el pacífico
10.000 metros de pura profundidad
y anda a saber lo que guarda allá dentro
dijeron,
su útero es como la tumba de Antígona,
que en la orfandad que le dio su padre
mane la palabra deseo y en el primer verso
que esta cabra escriba se habite su alma
ni antes
ni después
dijeron,
los cabellos perpetuamente despeinados de Abyzou
tocaron mi carita en aliento
extasiada con la vista dijo
por muy abruptos y altos que sean los cerros
esta cabra tendrá predilección
por el pasto que crece entre las peñas
despreciará muchas veces los pastos tiernos
y requerirá de una estricta vigilancia para evitar
que destruya el arbolado.
***
El tiempo que transcurre en el cerro
es de orden diferente del espacio que tiene
la Gobernación de la Montaña Andina,
el centro del cerro es coincidentia oppositorum
gazuza y hartazgo, cal gazuza y cerro, sacrobio y sacronecro,
el estado de descanso de nosotras paciendo
saltando, libando, despedazando,
haciendo el tedéum de la palabra caníbal
inmoviliza el tiempo otro
que no es del cerro
y la movilidad transcurre en el sepulcro de mar
que tengo yo, chupacabros, en el ojo.
***
Le dije a mi madre a la más tierna edad
fruto de la granada roja del corazón mecido
quiero teclear, madre mía,
cada pieza de tu dedo es una letra que construye
hija mía me dijo.
Quiero teclear lo que se les escapa a los
Secuaces Del Perfecto Orden
quiero experienciar la burla
–cuando te salga sangre del rajo rojo de tu boca–
ahora juega con las cuadrículas de tierra
minadas
si sobrevives
es que resistes.
Comencé a escribir las nuevas cordilleras que roían
las que me cercaban
las que cercan la gobernación de la Montaña Andina
el tecleo vertiginoso que fui aprendiendo
cauce de río
agón
después de oficiar la lengua sibilante
avanza a través de lo que imagino cuando digo
y queda registrado
cuando digo
ruego y suplico a los difuntos que están adentro mío
que sean el predicado de mi tripa
o cuando digo
los accidentes de mi lengua
son a los accidentes de esta tierra
que el cielo que espejea es otro del que está aquí
y se pixelea
cuando le disputo mi alma al trampantojo agónico
de estas estalactitas calicheras
que la mandanga no me quite mi serenidad primera
de cuando yo podía chupar impúdicamente
el corazón naranja de mi casa,
que de todas las tierras
y todos los cielos
y del mar que
iracundo me baña
háganse otros
que la granada me entinte las hebras
de la trenza chunchul
que colgante empieza en la mollera
escribo punzando la yugular para que sufra poco
y la palabra fluya a la cuenca
porque
si estoy en el hado desolado
del simulacro de la Gobernación
de la Montaña Andina
en donde la luz reclama y deja de hablar
porque si estoy
en el lado del olvido
no llore ni busque yo más consuelo
en este mundo
y me cree otro en que cada cagada
que me pego con el lenguaje
florezca en la yugular de mi dedo
a pura buena cuea
sortee
–porque yo la tengo grande–
las cuadrículas minadas de mi cerro.
Las cuadrículas minadas de mi lenguaje.
Las cuadrículas minadas de mí.
***
Mido el tiempo por la muerte
es mensurable el tiempo por los cuerpos
comidos por el hambre,
por la sequía,
por la persecución.
Hieden los cuerpos de nuestras vacas
y las moscas les sobreviven arriba
como una nube negra sonora.
Algunos filamentos de mi vestido
de seda, organza tejida
empiezan a formar una telaraña
que envuelve mi cuerpo
porque el simulacro de la muerte
es una malla que se extiende
hasta los muros
de la Gobernación de la Montaña Andina.
Un sujeto al extremo,
marca la hora registrando
cómo se anuncia el alba en mi muslo
en la telaraña que me envuelve
en cómo grabo forzada la fauce
en la vaca que hiede.
***
No le puedo hincar las estalactitas a la máquina
cada vez que intento hundir estos colmillos en la máquina
estos producen la droga del embelesamiento
la máquina es un ataúd
mi amor por los cadáveres no puede perdurar
en la máquina
si no puede perdurar en la máquina es que no puede actuar
sobre el levantamiento de los cuerpos
lástima pero cierto
y es porque lo puedo experienciar con el flujo del registro
de los datos de los fiambres en mi boca
los colmillos pueden ser no tan solo hundidos en el cuello
sino en el órgano de la mente
la máquina es un aparato de locuciones, de oraciones,
de ideas reducidas
que se repiten no a la manera de mi código
la sangre no se recicla sino que se deja verter.
El deslizamiento y caída de y sobre el hilo de sangre
tiene que ver con sentimentalismos.
***
Hay verdad en la carne y en la tierra firme que se chupa
la sangre
descanso mi espalda húmeda y mis uñas arañan la tierra
la lenga se pega a este el jardín enmalezado de mi pecho
el escozor de algunas hierbas sazona la siestita
de amanecida
las estalactitas se repliegan
la carne se funde, se derrite y se convierte en rocío.
***
La tierra que se chupa mi sangre tiene todas
las estaciones del tiempo
la tierra en donde piso y sueño
que se me mete entre las uñas y me hace frontera
con el cuerpo
cuando torno la cabeza hacia arriba el cielo a
grieta el espacio
los sauces agrietan el cielo
los ojos agrietan los sauces
la espesura agrieta los ojos
el canino agrieta la espesura
la sangre agrieta el canino
cuando torno la cabeza hacia abajo
el espacio que agrieta el cielo
el cielo que agrieta los sauces
los sauces que agrietan los ojos
los ojos que agrietan la espesura
la espesura que agrieta el canino
el canino que agrieta la sangre.
***
Un cevichito de reineta con piure pa pasar la caña
el porro con su olor a guano me digiere la comilona
pucha que estuvo buena
les saqué unos buenos pedazos
una arepa,un dvd mix de los 90 versión spanglish
pray for a picara
qué si me las canté todas en la tarima
un completo un sanguche de potito
la sillas de plástico blanco con las patas torcias
la guatona se sacó la chucha
la paramos nos cagamos de la risa
empanada de queso el aceite el gloss el bálsamo
para mis labios
que se chuparon toda la penumbra.
Cómo se descubre lo que se come
cómo se descubre lo que es susceptible de ser comido.
La arepa una mano una empanada un pubis piojento,
un tarascón de cachete
un pedacito de guata
un completo con entrañas.




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