Lectora de Cioran y Virginia Woolf llega descompuesta al trabajo tras un viaje en Uber:
- Revista Crisol

- 2 dic 2025
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Actualizado: 22 dic 2025
Mi mañana ya había sido anímicamente compleja: estamos a punto de llegar al invierno, cuesta levantarse, y la gata apenas me deja dormir. Para colmo, por ser simpática, acepté el pedido del chofer, que me preguntó si podía poner un audiolibro mientras me iba a dejar. Esperaba alguna novela de detectives o, por último, una novela de Isabel Allende recomendada por su esposa, pero en cambio empezó a sonar un libro de autoayuda barata, de esos que parecen guiones de Tiktok redactados por una chica fit adicta a las acelgas que ha pasado más tiempo mirándose al espejo y sacándose selfies que leyendo siquiera la contratapa de los best sellers. Naturalmente, por no incomodar y acabar sentenciada a escuchar los argumentos edulcorados del chofer, no dije nada, y, cuando me bajé del auto apenas aguantaba las ganas de suicidarme. Menos mal tenía que cumplir mi turno, y pude pensar que era una forma de tortura más aceptable que ese viaje en Uber.



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